¿Un trabajador formal que gana el salario mínimo puede cubrir la canasta familiar total?

Un análisis comparativo de capacidad de consumo en América Latina

Introducción

En un contexto regional marcado por presiones inflacionarias persistentes, pérdida de poder adquisitivo y ajustes salariales que no siempre compensan el aumento del costo de vida, surge una pregunta central para el debate social: ¿puede un trabajador formal que recibe el salario mínimo cubrir el costo de la canasta familiar total en su país?

Este artículo tiene como objetivo analizar comparativamente la relación entre el salario mínimo y el valor de la canasta básica total (para 4 personas) en nueve países de América Latina, con el fin de estimar la capacidad de consumo de un trabajador formal. El análisis se realiza utilizando los ajustes oficiales del salario mínimo vigentes para 2026, contrastados con los valores más recientes disponibles de la canasta familiar, correspondientes principalmente a noviembre y diciembre de 2025.

Esta aclaración es clave: la capacidad de consumo que aquí se estima está calculada con precios de la canasta de 2025. En consecuencia, si en varios países el salario mínimo no logra cubrir la canasta familiar con precios de 2025, es razonable anticipar que la situación se deteriorará aún más cuando dichas canastas se actualicen con la inflación y el IPC del año vigente 2026.

Metodología del estudio

El presente estudio se desarrolla bajo un enfoque cuantitativo, de alcance descriptivo y comparativo, siguiendo la clasificación metodológica propuesta por Hernández Sampieri, Fernández y Baptista, la cual resulta pertinente cuando el objetivo es medir, describir y contrastar variables económicas entre distintas unidades de análisis (en este caso, países) sin pretender establecer relaciones causales, sino identificar brechas, patrones y diferencias estructurales en un momento específico del tiempo.

La investigación se apoya exclusivamente en fuentes oficiales y secundarias oficiales, priorizando información producida por institutos nacionales de estadística, bancos centrales, ministerios de desarrollo social y entidades laborales, con el fin de garantizar la trazabilidad y validez de los datos utilizados.

El salario mínimo considerado para cada país corresponde al valor oficialmente aprobado para el año del análisis, según el decreto, resolución o normativa vigente emitida por la autoridad competente en cada caso. En aquellos países donde el salario mínimo varía por sector económico, se adoptaron criterios de igualamiento para permitir la comparación internacional. En Honduras, donde el salario mínimo difiere según la actividad productiva, se utilizó el salario promedio determinado por la Secretaría de Estado en los Despachos de Trabajo y Seguridad Social (SETRASS). En Guatemala, dado que los incrementos salariales presentan rangos mínimos y máximos según sector, se estimó un salario promedio a partir de dichos rangos oficiales. En República Dominicana, donde el salario mínimo varía según el tamaño de la empresa, se tomó como referencia el salario establecido por el Comité Nacional de Salarios (CNS) para las grandes empresas.

Para el caso de Estados Unidos, se tomó como referencia el salario mínimo oficial del estado de Washington vigente para 2026, fijado en USD 17.13 por hora. A partir de este valor, se estimó un salario mensual suponiendo una jornada laboral estándar de 40 horas semanales. El cálculo se realizó utilizando un promedio mensual de 173.33 horas, resultado de multiplicar 40 horas por semana por 52 semanas al año y dividir entre 12 meses. De esta forma, el salario mensual estimado asciende a aproximadamente USD 2,969.33, valor utilizado para los ejercicios comparativos internacionales.

En cuanto al costo de vida, el valor de la canasta básica total o canasta familiar se tomó de las últimas publicaciones oficiales disponibles, correspondientes principalmente a noviembre y diciembre de 2025. En Ecuador, se utilizó el Informe Ejecutivo de Canastas Analíticas del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). Para Costa Rica, la referencia fue la Encuesta Nacional de Hogares 2025 (ENAHO) publicada por el INEC. En Guatemala, se emplearon los datos de Canasta Básica Alimentaria y Canasta Ampliada publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En Chile, se utilizaron los Informes de la Canasta Básica de Alimentos y Líneas de Pobreza del Ministerio de Desarrollo Social y Familia. Para Colombia, la valorización de la canasta se basa en la metodología oficial de pobreza monetaria del DANE. En México, se tomó como referencia la Línea de Pobreza Laboral publicada por el INEGI. En Honduras, los datos provienen del Observatorio Social y Económico de Honduras (OBSAN). En Argentina, se utilizó la valorización mensual de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica total publicada por el INDEC. Finalmente, en República Dominicana, se emplearon los precios oficiales de la canasta familiar difundidos por el Banco Central.

Es importante aclarar que, a lo largo del análisis, se distinguen los conceptos de Canasta Básica Alimentaria (CBA) que cubre únicamente los requerimientos nutricionales mínimos y Canasta Básica Total (CBT), que incorpora además bienes y servicios no alimentarios. El indicador de capacidad de consumo se calcula exclusivamente con base en la canasta básica total, por ser esta la referencia más amplia del costo de vida mínimo.

A partir de esta información, se construyó el indicador de capacidad de consumo, definido como el cociente entre el salario mínimo mensual y el valor mensual de la canasta básica total. Este indicador permite evaluar si el ingreso mínimo legal es suficiente para cubrir el costo de vida básico en cada país.

¿Qué es la canasta básica total y qué se entiende por salario mínimo?

La canasta básica total, también denominada canasta familiar, representa el valor monetario mensual de un conjunto de bienes y servicios esenciales necesarios para que un hogar alcance un nivel de vida considerado socialmente aceptable. Incluye una CBA, que cubre los requerimientos nutricionales mínimos, y se amplía incorporando bienes y servicios no alimentarios como transporte, vestimenta, educación, salud, vivienda y otros gastos indispensables. En la mayoría de los países, este concepto se utiliza como referencia para la medición de la pobreza monetaria.

Por su parte, el salario mínimo es la remuneración mínima legal que debe percibir un trabajador formal por su jornada laboral, fijada por el Estado mediante decretos o leyes, con el objetivo de garantizar un ingreso básico y proteger al trabajador frente a salarios insuficientes.

Capacidad de consumo: quiénes llegan y quiénes quedan atrás

El análisis comparativo revela una realidad clara: de los nueve países analizados, solo dos logran cubrir la canasta familiar total con el salario mínimo: Colombia y Honduras. Sin embargo, es fundamental introducir una advertencia metodológica para evitar interpretaciones erróneas.

Estos resultados positivos deben leerse con cautela, ya que la cobertura se observa utilizando valores de la canasta básica total correspondientes a 2025. En ambos países, el margen entre el salario mínimo y el costo de la canasta es extremadamente reducido, lo que implica que una actualización de la canasta con la inflación y el IPC de 2026 podría revertir rápidamente esta aparente cobertura, devolviendo a estos países a una situación de déficit.

En otras palabras, el hecho de que los indicadores muestren valores ligeramente superiores a uno no significa que el salario mínimo garantice grandes condiciones de vida, sino que refleja una coincidencia temporal entre ingresos actualizados y precios aún no ajustados plenamente.

Un segundo grupo lo conforman Chile y Costa Rica. Aunque presentan los niveles más altos de ingreso mínimo en términos nominales dentro de la región, el elevado costo de su canasta familiar impide que el salario mínimo alcance para cubrirla. La brecha, si bien menor que en otros países, obliga a los hogares a complementar ingresos o ajustar su consumo.

Más abajo se ubican República Dominicana, Ecuador, México y Guatemala, donde el salario mínimo cubre entre la mitad y dos tercios de la canasta familiar. Finalmente, Argentina presenta la situación más crítica: el salario mínimo apenas cubre una fracción reducida de la canasta básica total, reflejando el fuerte deterioro del poder adquisitivo.

La conclusión es clara: la mayoría de los países analizados no garantiza, a través del salario mínimo, el acceso a una canasta familiar básica, incluso utilizando precios de 2025. Con la actualización inflacionaria de 2026, esta brecha tiende a profundizarse.

El espejo internacional: América Latina frente a Estados Unidos (Washington)

Para ampliar la lectura de la capacidad de consumo más allá de las fronteras nacionales, el análisis incorpora un ejercicio comparativo internacional tomando como referencia el salario mínimo del estado de Washington (Estados Unidos), vigente desde enero de 2026, fijado en USD 17,13 por hora, lo que equivale a un ingreso mensual aproximado de USD 2.969,33 bajo una jornada laboral estándar.

El primer ejercicio consiste en convertir los salarios mínimos latinoamericanos a dólares y evaluar cuántas canastas familiares de Washington podría adquirir un trabajador local si intentara consumir en ese mercado. El resultado es claro: ningún salario mínimo de la región permite cubrir una canasta básica total en Washington. En la mayoría de los casos, el ingreso apenas alcanza para entre 2 % y 25 % de una canasta estadounidense, evidenciando una gran brecha de poder adquisitivo medida en dólares.

El segundo ejercicio invierte la lógica del análisis. Se pregunta cuántas canastas familiares locales podría adquirir un trabajador que percibe el salario mínimo de Washington si consumiera en cada uno de los países analizados. Aquí el resultado es distinto: el salario mínimo estadounidense permitiría comprar múltiples canastas completas en todos los países de la muestra, incluso en aquellos con mayor costo de vida relativo dentro de la región.

Comparación internacional de capacidades de consumo (enfoque PPA)

 

Nota: la canasta básica total de Washington se estima en USD 2.679,16 mensuales.

Lectura de los resultados: dólares que no compran lo mismo

Los datos muestran que, medidos en dólares, los salarios mínimos latinoamericanos tienen una capacidad de compra extremadamente limitada frente al costo de vida estadounidense. Incluso en el mejor de los casos (Costa Rica), el salario mínimo solo permitiría cubrir una cuarta parte de la canasta familiar de Washington. En países como Guatemala, México u Honduras, el ingreso mensual convertido a dólares no alcanza ni para el 3 % de una canasta básica estadounidense.

Sin embargo, cuando el análisis se invierte, el contraste es aún más impactante. Un trabajador que gana el salario mínimo en Washington podría adquirir más de una canasta familiar completa en todos los países analizados, y en algunos casos varias. Argentina destaca de forma particular: el salario mínimo estadounidense permitiría comprar más de cuatro canastas básicas totales, reflejando el fuerte abaratamiento relativo del consumo local medido en dólares.

Este ejercicio deja en evidencia que la comparación nominal de salarios en dólares resulta insuficiente si no se incorpora el costo de vida relativo. Aquí es donde el enfoque de paridad de poder adquisitivo (PPA) cobra sentido.

Tipo de cambio PPA: el mercado real frente al “tipo de cambio indiferente”

Para comprender adecuadamente las diferencias internacionales de poder adquisitivo, no basta con convertir salarios a dólares utilizando el tipo de cambio de mercado. Ese ejercicio, aunque habitual, puede resultar engañoso si no se considera el costo de vida relativo entre países. Es aquí donde cobra relevancia el concepto de Paridad de Poder Adquisitivo (PPA).

La PPA es un enfoque económico que busca responder a una pregunta simple pero fundamental: ¿cuántas unidades de moneda local se necesitan en cada país para comprar el mismo conjunto de bienes y servicios? En otras palabras, la PPA compara economías a partir de lo que realmente se puede consumir con un ingreso, y no solo desde su valor nominal en dólares. En este estudio, ese conjunto de referencia es la canasta básica total para un hogar de cuatro personas, lo que permite aproximar el costo mínimo de vida en cada país.

El tipo de cambio PPA puede interpretarse como el “tipo de cambio indiferente”: aquel que haría equivalente comprar la canasta básica total en Estados Unidos (Washington) o en el país analizado. Si el tipo de cambio de mercado coincide con el tipo de cambio PPA, el poder de compra del dólar sería similar en ambos lugares. Cuando difieren (como ocurre sistemáticamente en América Latina), la brecha revela distorsiones entre precios internos, salarios y el mercado cambiario.

Bajo este enfoque, se estimó el tipo de cambio PPA para cada país y se lo comparó con el tipo de cambio nominal de mercado. Los resultados muestran un patrón inequívoco: en todos los países analizados, el tipo de cambio de mercado es significativamente superior al tipo de cambio PPA. Esto implica que, en términos reales, el dólar estadounidense tiene un mayor poder de compra en América Latina del que sugeriría una paridad basada estrictamente en el costo de vida.

En términos prácticos, el mercado cambiario refleja economías donde los precios internos (especialmente de bienes y servicios básicos) son relativamente bajos en dólares, mientras que los ingresos laborales locales permanecen rezagados. Esta combinación explica por qué un salario estadounidense rinde tanto cuando se convierte a moneda local, y por qué, a la inversa, un salario latinoamericano resulta insuficiente para consumir en economías de alto costo como la estadounidense.

Tipo de cambio PPA vs. tipo de cambio de mercado

Comparación internacional (canasta básica total)

Cómo leer esta tabla: Esta comparación muestra que en todos los países analizados el tipo de cambio de mercado supera ampliamente al tipo de cambio PPA, con diferencias que van desde más del 130 % hasta más del 440 %. En términos económicos, esto implica que el dólar estadounidense compra mucho más en América Latina de lo que compraría si los precios estuvieran alineados por paridad de poder adquisitivo.

Los casos de Colombia y Honduras resultan especialmente ilustrativos: el tipo de cambio de mercado es más de cuatro veces superior al tipo de cambio PPA, lo que refleja una fuerte depreciación real de la moneda frente al costo de vida interno. En estos contextos, el ingreso medido en dólares rinde significativamente más, pero el salario local (pagado en moneda nacional) queda severamente rezagado frente al costo de la canasta básica.

Esta brecha entre el tipo de cambio “real” (PPA) y el tipo de cambio observado en el mercado no es solo una curiosidad técnica: es una señal clara de desequilibrios estructurales entre precios internos, salarios y tipo de cambio, y ayuda a explicar por qué el salario mínimo alcanza tan poco en términos de bienestar, incluso cuando la economía parece “barata” desde afuera.

Una brecha que va más allá del ingreso

El espejo internacional no solo evidencia diferencias salariales, sino una desigualdad estructural en la capacidad de acceso al bienestar. Mientras en América Latina el debate gira en torno a si el salario mínimo alcanza o no para cubrir lo básico, en Estados Unidos el mismo ingreso mínimo permite no solo cubrir la canasta, sino mantener márgenes para otros gastos.

La pregunta que queda abierta es: ¿qué tan sostenible es un modelo donde el salario mínimo apenas garantiza la subsistencia, y en muchos casos ni siquiera eso, mientras el costo de vida sigue ajustándose por inflación?
El espejo internacional no solo compara economías; expone, con crudeza, las distintas realidades de lo que significa “vivir del salario mínimo” según el país en el que se nace y se trabaja.

¿Cubrir lo básico es calidad de vida?

El análisis confirma que el salario mínimo, en la mayoría de los países latinoamericanos, no cumple su función básica de garantizar el acceso a una canasta familiar total. Incluso con precios de 2025, solo dos países logran una cobertura marginal, mientras que el resto enfrenta déficits significativos.

La evidencia sugiere que, si las canastas básicas se actualizan con la inflación y el IPC de 2026 (como es de esperarse), la capacidad de consumo real de los trabajadores formales seguirá deteriorándose, profundizando las tensiones sociales y económicas. Más allá de los ajustes nominales, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: cómo alinear los ingresos laborales con el costo real de la vida en economías cada vez más presionadas por la inflación y la desigualdad.

Incluso aceptando que en algunos casos el salario mínimo permite cubrir la canasta básica total, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿eso es realmente calidad de vida? ¿Alcanzar apenas para alimentación, vivienda, transporte y vestimenta constituye una vida digna? ¿Dónde quedan la recreación, el descanso, la cultura, el ocio y la salud mental?

Si el salario mínimo solo permite sobrevivir (y en muchos casos ni siquiera eso), el trabajador promedio queda implícitamente excluido del derecho a disfrutar de su tiempo libre, de invertir en bienestar emocional o de construir proyectos de vida más allá de la subsistencia. La discusión, entonces, no debería limitarse a si el salario mínimo cubre o no la canasta básica, sino a qué tipo de vida estamos considerando aceptable para quienes sostienen la economía con su trabajo diario.

Ese es, quizás, el debate de fondo que estos números dejan abierto.

 Si deseas profundizar en los resultados, realizar consultas metodológicas o compartir observaciones, puedes escribirnos al correo: info@bosonplanning.com.

Nuestro equipo estará atento a tus comentarios y al intercambio de ideas que contribuyan a enriquecer el debate sobre salarios, costo de vida y calidad de vida en la región.

 Anexos y fuentes:

Ecuador: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). (2025). Informe ejecutivo de canastas analíticas: diciembre 2025. https://www.ecuadorencifras.gob.ec/documentos/web-inec/Inflacion/canastas/2025/Diciembre/1.Informe_Ejecutivo_Canastas_Analiticas_dic_2025.pdf

Costa Rica: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC). (2025). Encuesta Nacional de Hogares 2025: Presentación de resultados generales (ENAHO). https://admin.inec.cr/sites/default/files/2025-10/ENAHO2025_PresentacionResultadosGenerales.pdf

Guatemala: Instituto Nacional de Estadística (INE). (2026). Canasta básica alimentaria y canasta ampliada. https://www.ine.gob.gt/sistema/uploads/2026/01/07/20260107105701PKdhtXMmr18n2L9K88eMlGn7CcctT9Rw.pdf

Chile: Ministerio de Desarrollo Social y Familia. (2025). Informes de la canasta básica de alimentos y líneas de pobreza. https://bidat.gob.cl/details/ficha/dataset/informes-canasta-basica-de-alimentos-y-lineas-de-pobreza-2025

Colombia: Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2024). Presentación metodología de pobreza monetaria. https://www.dane.gov.co/files/operaciones/PM/pres-PM-2024.pdf

México: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). (2025). Línea de pobreza laboral [Boletín de prensa]. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2025/lp/lp2025_12.pdf

Honduras: Observatorio Social y Económico de Honduras (OBSAN). (2025). Canasta básica alimentaria y salario mínimo. https://obsan.unah.edu.hn/dashboard-san/pilar-acceso/canasta-basica-alimentaria-y-salario-minimo/

Argentina: Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). (2025). Valorización mensual de la canasta básica alimentaria y de la canasta básica total. https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/canasta_12_257427252BFC.pdf

República Dominicana: Banco Central de la República Dominicana. (2025). Precios de la canasta familiar. https://www.bancentral.gov.do/a/d/2534-precios

 

 

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